Hoy estamos, nuevamente, impactados por este crimen que se ha cometido en Baradero por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Otra vez contra un joven.
Este tipo de hechos se repite de manera sistemática desde hace muchos años en la Argentina y, según las encuestas, lejos de haberse detenido, se aceleró durante los últimos años. El kirchnerismo, por su parte, ha hecho de la defensa de los Derechos Humanos una bandera (que nosotros compartimos) pero que, lamentablemente, no han podido efectivizar a la hora de resguardar la seguridad, sobre todo de los jóvenes. En principio, podemos decir que hay un alma doctrinaria que sigue dominando a las fuerzas de seguridad que ven la mayor peligrosidad en los jóvenes; y si estos son morochos, de barrios humildes y su ropa no condice con determinados estándares, las sospechas aumentan y el grado de presión y de represión que cae sobre ellos es infinitamente superior al que se pueden evidenciar sobre otros estamentos de la sociedad.
Hoy tenemos que lamentar una nueva víctima. Hoy se vuelve a corroborar que hay una doctrina asesina que subyace en quienes deberían proteger, en primer lugar, la vida de todos los ciudadanos. Frente a este hecho, nos solidarizamos con los padres de Lucas Rotella, con su familia en general y sus amigos. Pedimos, además, una investigación a fondo que de luz sobre lo que ocurrió y que caiga todo el peso de la ley para que haya justicia. Pero queremos también que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, convoque a un gran foro participativo para que debatamos el problema de la seguridad como política de Estado y la doctrina que va a dominar a las fuerzas de seguridad.
Este tipo de hechos se repite de manera sistemática desde hace muchos años en la Argentina y, según las encuestas, lejos de haberse detenido, se aceleró durante los últimos años. El kirchnerismo, por su parte, ha hecho de la defensa de los Derechos Humanos una bandera (que nosotros compartimos) pero que, lamentablemente, no han podido efectivizar a la hora de resguardar la seguridad, sobre todo de los jóvenes. En principio, podemos decir que hay un alma doctrinaria que sigue dominando a las fuerzas de seguridad que ven la mayor peligrosidad en los jóvenes; y si estos son morochos, de barrios humildes y su ropa no condice con determinados estándares, las sospechas aumentan y el grado de presión y de represión que cae sobre ellos es infinitamente superior al que se pueden evidenciar sobre otros estamentos de la sociedad.
Hoy tenemos que lamentar una nueva víctima. Hoy se vuelve a corroborar que hay una doctrina asesina que subyace en quienes deberían proteger, en primer lugar, la vida de todos los ciudadanos. Frente a este hecho, nos solidarizamos con los padres de Lucas Rotella, con su familia en general y sus amigos. Pedimos, además, una investigación a fondo que de luz sobre lo que ocurrió y que caiga todo el peso de la ley para que haya justicia. Pero queremos también que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, convoque a un gran foro participativo para que debatamos el problema de la seguridad como política de Estado y la doctrina que va a dominar a las fuerzas de seguridad.
El Partido Justicialista, que gobierna la provincia de Buenos Aires desde el año 1987 de manera ininterrumpida, ha tenido políticas contradictorias, en algunos casos rayanos con el fascismo, de represión fácil. De un Carlos Ruckauf y un Aldo Rico, que plantearon que iban a imponer la seguridad prácticamente con mano de hierro, a políticas sostenidas en elementos mucho más progresistas, basadas en la defensa de los derechos humanos, como fue el caso de León Arslanián. En este ir y venir, lo que queda demostrado es que las políticas no se estabilizan, que son improvisadas, que cambian conformes a la conveniencia de las dirigencias políticas o de las propias internas del PJ. Frente a estas improvisaciones, el crimen organizado se ríe y tiene políticas estables con profundos nichos de corrupción, dentro de la misma Policía, vinculados al tráfico de drogas y de armas, al robo de vehículos, a la trata de personas, al juego, etc.
Nosotros necesitamos sanear profundamente las fuerzas de seguridad, porque entendemos que en su inmensa mayoría no está vinculada a estas organizaciones secretas que habitan en su seno; pero para que esto sea posible, hay que generar una política creíble, una política de Estado, que no salga del interior de un partido político, sino de un gran debate que incluya a la sociedad en su conjunto. Deben constituirse los organismos de participación democrática necesarios para que, efectivamente, la población civil pueda realizar un control y una acción efectiva en la dirección estratégica y en la provisión de información para avanzar hacia una sociedad mucho más segura. Esto sólo puede ocurrir en el marco de una gran convocatoria y creemos que la debe hacer el Gobernador de la Provincia, donde se debata en profundidad cuál va a ser la política de seguridad , no para los próximos 6 meses , sino para los 10 o 20 años que vienen. En esta área va la suerte de nuestros jóvenes, la vida de muchísima gente. Argentina no puede seguir perdiendo a sus jóvenes; es una sociedad donde ya mueren niños por hambre, por elegir el delito a una edad temprana por la falta de opciones y posibilidades por la falta de horizonte.
Necesitamos una policía distinta, humanista, ética, científica, de prevención y disuasión. En capacidad de garantizar altos umbrales de seguridad sin recurrir a la represión. Último recurso al que se echa mano cuando fracasaron las contenciones previas. Capaz de ayudar a erradicar las causas de la inseguridad; capaz de combatir el delito organizado nativo y el que llega del extranjero con procedimientos de alta inteligencia. Una policía de cercanía y de confianza ciudadana que incube una nueva relación con la sociedad civil, en cuyo seno debe estar el liderazgo de las fuerzas de seguridad. Subordinada a un plan integral, coherente y estable que el poder político aún le debe a la fuerza y a la sociedad en su conjunto. Además no deberíamos olvidarnos del rol de las comisarías, el régimen carcelario, el funcionamiento de la Justicia, el vínculo entre el delito y el poder político, entre otros items.
Luego de muchos años de profunda injusticia es indudable que lo que se está incubando es la inseguridad futura. Entonces, cuando esta se desata nadie se debe sorprender. Es como dice el dicho popular: el que siembra vientos, cosecha tempestades. Esto es lo que esta pasando en la Argentina desde el punto de vista espiritual y material del delito. Nos sorprendemos cuando este nos desborda y aparece enquistado dentro de aquel sector de la sociedad que debería combatirlo. Se cae así en un circulo vicioso, absolutamente peligroso, del cual solo es posible salir mediante una política de Estado activa, enérgica y con un enorme consenso, no solo político sino social y cultural.
Mario Mazzitelli
Secretario Gral. del Partido Socialista Auténtico
y Secretario Parlamentario del bloque Proyecto Sur en la Cámara de Diputados


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